COACHING, TERAPIAS, AUTOAYUDA Y NUEVOS SOFISTAS

Lo que una corriente filosófica hace normalmente es crear a partir del conocimiento acumulado en su época un modelo que explique la realidad que le permita plantear unos modos de existencia que reconstruyen y sanan de nuevo al individuo y la sociedad de las enfermedades existenciales que el modelo precedente ocasionó. Obviamente en ella intervienen numerosos individuos, no siempre abarcando todo el modelo y en muchas ocasiones quedándose únicamente en una parte de él, incluso usualmente llegando a menospreciar los objetivos restantes.

Desde principios del siglo XX andamos creando un nuevo modelo de conocimiento, la genética, la física cuántica, la psicología, la teoría de sistemas, la ecología, la informática o la fenomenología determinan herramientas, datos e información que todos los pensadores precedentes no tenían. Sin embargo, muchas de las preguntas siguen siendo las mismas, las inquietudes de cada persona parecen ser  las que se planteara Platón o Aquino. Esto se debe ante todo, a que la magia y la tragedia de toda la humanidad ocurre en cada individuo, el vacío existencial al que cada hombre o mujer que nace en este planeta se enfrenta en algún momento de la vida es y será siempre el mismo puesto que la humanidad nace de nuevo con cada persona.

Pretender usar las respuestas que dieron Platón, Marco Aurelio, Séneca o Aquino es erróneo, hemos de usarlas para meditar nuestras respuestas, para estudiarlas en relación con su época, pero ante todo hemos de aglutinar nuestro conocimiento acumulado en un nuevo paradigma que permita sugerir otro modelo de respuesta. Seguramente contendrá mucho de cada una de las respuestas anteriores, pero innovará a la espera de otra sucesora que corrija todo aquello de equívoco o incorrecto que esta contenga.

Hemos de regresar a la plaza y el foro con Sócrates, hablar con carpinteros y sofistas, con zapateros y guerreros; y volver a plantearles que es el valor, responder con ellos y junto a ellos, descubrir que hoy son también ellas y que la plaza quizás ahora se llama internet. Regalar nuestra respuesta y esperar que esta pueda llenar ese vacío existencial de alguna de las personas que nos escuchan. Es nuestra labor, nuestra pasión y nuestra obligación.

Cómo hacerlo plantea presentar inicialmente algunas de las respuestas dadas en nuestro tiempo. Desde el advenimiento del cristianismo y el resto de las religiones moralistas el comportamiento, el fín y las dudas existenciales estuvieron; y siguen estando en muchas regiones, en manos de sacerdotes, rabinos, imanes y monjes. Pero desde la irrupción del ateísmo o la aconfesionalidad de las instituciones se crea un vacío que en los últimos siglos han ido llenando nuevas formas inicialmente llamadas de espiritualidad y que a finales del siglo pasado se transforman en escuelas y clínicas de autoayuda y nuevas terapias. Pasamos de un vacío a la obesidad existencial en un ciclo enfermizo y continuo sin encontrar cura individual o colectiva.

Durante los últimos años se ha puesto de moda el término coach, entrenador personal del carácter enfocado, dado su origen deportivo, en el éxito en una actividad personal, empresarial, deportiva o familiar. En los años noventa surge en Argentina una corriente denominada Coach filosófico, muy ligada al concepto de autoayuda. Pero el filósofo no busca el éxito, sino la sabiduría, el conocimiento que alimente su necesidad de bien, verdad y belleza como decían los antiguos griegos. Esta dieta no garantiza ningún éxito, si acaso puede asumir que este exista en un momento dado, pero normalmente asume una pobreza social cuando no la busca directamente. Esto nos reduce la clientela, empezar diciendo que no se garantiza el éxito puede ser una mala estrategia comercial, pero aclaremos que no se trata de vender, sino de filosofar.

En los años ochenta, en Alemania, Achenbach crea la primera consulta de terapia filosófica intentando devolver la utilidad práctica a la filosofía, siguiendo su camino muchos filósofos se lanzan a la ayuda existencial de lo que denominan personas normales, separando las inquietudes existenciales de las terapias psicológicas o psiquiátricas, se trata de usar todo el bagaje de historia del pensamiento filosófico para ayudar al autoconocimiento y el autocrecimiento. Más Platón y menos prozac gritan desde miles de webs. Finalmente cada uno de ellos sigue en cierta medida una línea personal pero con creciente implicación de filosofías clásicas de moda como estoicos y epicúreos aliñadas con algunas dosis de espiritualidad oriental.

Curiosamente, a la vez, en la librerías de medio mundo las estanterías de filosofía apenas si registran movimiento mientras que centenares de libros de autoayuda y recetas del éxito y la felicidad venden millones de ejemplares. Ideas que marchan desde el no pensar al dejarse llevar, del fluir al luchar, y que reducen a unas pocas frases de marketing pegadas en tazas de café toda la transformación humana en una carpeta de mr wonderful.

La necesidad está, las respuestas son buscadas, pero ante todo, hemos de encontrar un nuevo camino que transforme al individuo en una persona que sea capaz de construir humanidad. Todas las respuestas anteriores, buenas, malas, regulares o ridículas aportan constantemente empuje a la necesidad del cambio. Pero a su vez comparten el origen común del paradigma inicial que surge desde el renacimiento de la filosofía en nuestra era, el individuo como fin, el yo como principal valedor y recurso para el crecimiento y el conocimiento, aportando como mucho la solidaridad o la hermandad con otros yoes igual de independientes y singulares.

Desde el pensamiento continuo pretendo transformar ese paradigma para propiciar una forma nueva y transformadora de entender la persona y la humanidad, no como fin o instrumento, sino como medio y sistema. Las enfermedades no ya de nuestra sociedad sino de nuestra humanidad, la instrumentalización de la persona y la propia sociedad o el egoísmo antropocéntrico han de ser curadas con la transformación de las creencias a partir de un nuevo paradigma de la relación del yo con el otro. La continuidad implica integración y apropiación, no ruptura y olvido; por tanto todo lo vivido, todo lo aprendido, forma parte constitutiva de este nuevo pensamiento.

Publicado por El Filósofo Plebeyo.

Amante del arte, la ciencia y la filosofía he caminado durante mas de 50 años por esta existencia combinando familia, ingeniería y filosofía no siempre en el orden adecuado. creo que llega el momento de compartir lo poco que aprendí con la esperanza que pueda ayudar a alguien, a algún otro lejano.

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