En la continuidad de la existencia nos encontramos en medio de una corriente que nos conduce, una corriente formada por nuestro yo físico y nuestro otro, ese otro que integra desde lo mas próximo a lo mas lejano, desde la cultura al amigo.
Pero en esa corriente disponemos de un remo, de un pequeño timón por el que derivarnos, parar e incluso remar en contra. Nuestra voluntad y decisión.
El destino no es la consecuencia de nuestra acción, el destino es la corriente y es nuestra acción la que decide ayudarse de el o ir en su contra. Si fuese la consecuencia siempre acertaría y el destino no puede ester contra nuestro bienestar; es nuestra decisión la que permitirá seguir ese destino o ir en su contra teniendo en cuenta que en ocasiones remar en contra nos conduce a nuevos cauces y quizás a un nuevo destino. Aunque también es cierto que no podremos estar permanentemente contracorriente, si queremos sobrevivir al cauce hemos de decidir en que momento y en que lugar nos dejamos ayudar por la propia corriente.
La existencia es esa mezcla entre destino y decisión, cauce y dirección. Yo y mis circunstancias.
